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LOCALIZACIÓN
GEOGRÁFICA.
“Quienes
hayan estado en Granada sabrán de la existencia de una
elevada cadena de montañas, Sierra Nevada, situada
inmediatamente al Sur y con nieves perpetuas. Al otro lado de las
montañas, entre ellas y el mar, existe una franja de terreno
bien regado y tachonado de aldeas, que lleva el nombre de
Alpujarra”.
Gerald
Brenan.
Completando
a Brenan habría que añadir que la Alpujarra
limita al Norte con el Picacho Veleta y el Monte Chullo; al Sur con la
costa Mediterránea entre el cabo Sacratif y Punta Entinas;
al Oeste con el río Lanjarón, que desciende del
Veleta, y con la Sierra de Lújar; y al Este con el Valle del
Andarax y los campos de Berja y Dalias. Toda ella está
surcada por ríos que descienden de las alturas
montañosas que la fertilizan a su paso. Hay cinco puntos en
torno a los cuales se sustenta toda la región:
Órgiva, Ugíjar, Cádiar, Berja y Laujar
de Andarax.
INTRODUCCIÓN.[subir]
A
primera vista, esta sugestiva comarca puede parecernos parca y severa
en los temas del condumio. Nada más lejano de la realidad,
pues al conocer la riqueza gastronómica
alpujarreña descubrimos la inteligencia de un pueblo que ha
sabido conjugar las dos fuentes de la cocina: una popular, y la otra,
sabia. Lo cual, unido, nos ofrece una culinaria muy interesante,
variada y bien resuelta. Su ya peculiar enclave, con
pequeños pueblos acodados entre los barrancos y
estribaciones de la Penibética, ha permitido una mejor
conservación de las costumbres autóctonas.
Conserva esta
zona una riqueza gastronómica digna de mención,
ya que gran parte de sus sabores provienen, de la época
morisca, aunque en las normas alimenticias de esta comarca hay que
distinguir un antes y un después muy marcado:
En
primer lugar, el periodo árabe, que se
caracterizó por una serie de cultivos que en las zonas
altas, se conformaron en huertas aterrazadas para el mayor
aprovechamiento del terreno, bancales que rozaban a veces las leyes de
la gravedad, trazaron una red de acequias para los cultivos de
regadío y por encima de éstas se
hacían los de secano.
Los árabes introdujeron en la agricultura de
secano el cultivo de cereales, dejando los campos en barbecho uno o dos
años. Cultivaron el trigo, la avena, el sorgo, la cebada y
en las tierras frías el centeno.
Los olivos, árbol que también
encontramos en la Alpujarra, fueron traídos a
España por los griegos, sin embargo los árabes
extendieron la superficie de cultivo. La aceituna de mesa que
preparaban de forma similar a la que se utiliza hoy en día,
pasó a los usos culinarios andalusies.
Gran cantidad de frutales no conocidos se aclimataron
durante la época musulmana en la Península; las
cerezas, peras, manzanas, granadas, uvas, higueras... conocieron una
introducción o una ampliación de sus
áreas de cultivo; también introdujeron el
almendro que alcanzó gran difusión en pocos
años; la palmera y la caña de azúcar,
se cultivaron por primera vez en España en esta
época; las hortalizas fueron traídas en buen
parte por los árabes, que perfeccionaron otras verduras
autóctonas como las habas y las lechugas. Realizaron en
mayor medida el cultivo de la huerta.
Especial mención en la cocina
andalusí merece la utilización de las hierbas
aromáticas habito o moda oriental que finalmente fue
adoptado por toda la cocina occidental a través de
España.
En segundo lugar, hay que tener en cuenta el periodo a
partir de la expulsión de los moriscos cuando se modificaron
los cultivos, manteniéndose de la época anterior
los olivos, las higueras, los almendros y algunos frutales
más.
Los pueblos que repoblaron la Alpujarra eran en su
mayoría de origen castellano y, por tanto conocedores
más de los cultivos de secano que del manejo de la huerta.
Esto se tradujo, como es lógico, en un cambio de las
materias primas y en un aumento de la variedad de platos ya que muchos
se siguieron cocinando. Fue entonces cuando el cerdo hizo su
aparición triunfal como nexo y símbolo de la
cultura de Occidente, llegando a ser un autentico “carnet
político” la ingestión
pública de carne o guisos en los que formara parte el
marrano. Como prueba de ello está la gran variedad de
pucheros y ollas alpujarreñas. Con el paso del tiempo
cohabitan también los platos realizados con harina (migas,
gachas, repostería, etc.) y comienzan a tomar especial fama
los jamones de la Alpujarra por su delicada curación.
RASGOS
DE ESTA GASTRONOMÍA.[subir]
Gracias a todo esto, en la
Alpujarra, encontramos una gama muy extensa de platos elaborados con
ingredientes de la zona, que se dan debido a la variedad de microclimas
existentes en esta comarca. Prueba de ello la tememos examinando un
poco el tipo de cultivo que va desde el regadío al secano,
de los cereales a los frutales y de los productos de montaña
a los productos de zonas cálidas; y todo esto en distancias
muy cortas.
Así encontramos platos marineros en la provincia de
Almería y cocina principalmente serrana en las
montañas, que sabe manipular las materias primas para que se
conserven en buen estado el mayor tiempo posible. En algunas zonas de
la comarca han surgido pequeñas industrias que comercializan
este tipo de productos con gran aceptación en el mercado.
En base a todo lo anterior y a que la Alpujarra siempre a
sido una zona prácticamente autosuficiente, en esta
gastronomía se elaboran platos con cereales como pueden ser
migas, gachas, repostería variada (roscos fritos, de
manteca, borrachillos, buñuelos, etc.).
Con productos del cerdo se elaboran todo tipo de
embutidos, adobos, conservas en orza, jamones; a su vez
también se hacen pucheros y potajes en los que intervienen
productos del cerdo. Éste a constituido en la Alpujarra la
base principal de la gastronomía, antiguamente en todas las
casas se criaban varios cerdos para su posterior matanza y consumo
familiar, hoy día se sigue haciendo en menor medida.
También
tenemos muchos platos con hortalizas, hiervas silvestres (hinojo,
collejas, etc.) y verduras de producción propia, con esto se
elaboran cazuelas, potajes, sobrehusas, ensaladas, sopas, gazpachos,
etc. Para consumir algunas hortalizas durante todo el año se
utiliza el oreo como método de conservación,
principalmente encontramos pimientos secos o de cornicabra que se hacen
ristras y se cuelgan de las fachadas, y orejones de tomate,
albaricoque, melocotón... que se utilizan para diferentes guisos y
ensaladas; con orejones de tomate se confecciona una en salada, muy
curiosa por su nombre, atascaburras, que se compone de bacalao,
cebolla, aceitunas negras, ajos asados, aceite y orejones de tomate.
Se confeccionan platos con carne de caza, la Alpujarra es
una zona con grandes extensiones forestales, uno de los principales
productos de caza es la perdiz que se prepara en escabeche (sobre todo
en la zona de Válor), también se prepara un arroz
llamado “liberal” (típico de
Ugíjar), en el se emplean diferentes carnes de caza (perdiz,
conejo, liebre, zorzal, paloma), en menor medida se preparan manjares
con caza mayor.
Otros productos utilizados En
la cocina alpujarreña son los animales de corral, conejo,
gallina, pollo, cordero y choto (aunque estos dos últimos se
consumen en menor medida) con los que se hacen ajillos, braseados,
caldos, carnes en salsa, etc.
CADA
PUEBLO TIENE SU PLATO.[subir]
En
cuestiones gastronómicas no existen fronteras ya que en
todas partes se puede cocinar de todo, pero a veces cada pueblo logra
cierta fama al guisar un plato u otro. He aquí, pues, una
peculiar relación de platos que podríamos
considerar con “denominación de origen”,
pero que posiblemente también podrían degustarse
en el pueblo de al lado.
De Lanjarón la sopa de ajo con
jamón; de Soportújar las truchas con
jamón; de Capileira, el potaje de castañas; de
Busquístar, el estofado de conejo; la olla gitana, de
Trevélez y Pampaneira, junto con las gachas pimentonas,
típico plato de este último pueblo; de Mecina
Bombarón, las gachas de ajo quemao; de Válor, la
perdiz en escabeche y el conejo al ajillo; de Ugíjar el
arroz liberal; la cabeza de cerdo asada y el conejo picante, de Rubite;
las gachas de harina picante, de Cástaras; las migas de
harina con engañifa, la fritá y las papas a lo
pobre junto con muchos platos más, de toda La Alpujarra.
La
dulcería es otro capitulo importante al hablar de la
gastronomía alpujarreña, como antes cada pueblo
tiene sus dulces típicos; en primer lugar la bizcochada, la
torta Royal, los roscos de hojarasca, la calabaza endulzada, los
soplillos de almendra, los roscos de anís y los roscos
fritos, todos estos productos de Cádiar, Ugíjar y
Válor; los cuajaos, torta que se hace con huevos, harina,
almendra y azúcar, tortas de alajú, de almendras
pan tostado y miel, de Murtas; el pan de higo, de Turón; los
roscos y los borrachillos, de Pampaneira; la torta de lata, de
Capileira; los buñuelos de chocolate de Lanjarón;
y los peñascos, de Bérchules. Estos
podrían ser algunos de los dulces más
característicos de la comarca, todos ellos con gran
influencia morisca en sus recetas, ya que prácticamente toda
la repostería alpujarreña es herencia de los
árabes.
EL
JAMÓN DE LA ALPUJARRA.[subir]
Sin
duda, el jamón de esta comarca que goza de más
fama y reconocimiento es el de Trevélez, pero en todos los
pueblos se curan perniles de exquisito aroma y sabor.
El medio ideal es una altitud a partir de los 1200 metros,
todos los pueblos situados por encima de esta cota están
dentro de la Denominación Específica de Calidad
del Jamón de Trevélez, que cuenta con un Consejo
Regulador y cuyo Reglamento fue aprobado por la Dirección
General de política Alimentaria de la Junta de
Andalucía en el mes de julio de 1990.
Trevélez
y sus pueblos limítrofes por encima de 1200 metros
(Capileira, Bubión, Pampaneira, Pitres, Pórtugos,
Busquístar, Juviles, Bérchules...) constituyen la
zona de elaboración del Jamón de
Trevélez. Las condiciones climáticas de la falda
Sur de Sierra Nevada, con doble influencia de los vientos, unos
provenientes de las cumbres y otros los que llegan desde las cercanas
costas mediterráneas, propician el desarrollo de la flora
microbiana necesaria para la perfecta curación del
jamón.
Hasta llegar a consumirlo el jamón ha de pasar
por varias fases en su proceso de curación: sangrado,
consistente en escurrir la sangre mediante presión;
salazón, durante la que permanece cubierto de sal marina un
día por cada kilo en fresco a 5ºc de temperatura y
un 88% de humedad; lavado, para eliminar la sal de la superficie;
secado u oreo, durante un mínimo de 90 días,
coincidiendo con los meses más fríos del
año; maduración durante un periodo de seis meses,
en los que se alcanzan temperaturas de hasta treinta grados,
favoreciendo lo que se llama “sudor del
jamón” que, al impregnar el magro de la carne con
la grasa del tocino, dan a la pieza su característico e
inconfundible aroma; y envejecimiento, con el que se completa el
proceso durante los meses de otoño e invierno. Aunque todas
las fases tienen gran importancia, son las de salazón,
secado y maduración las que más influyen en la
calidad final del producto. La salazón es aquí
bastante más corta que en otras zonas de España
(posible gracias a las bajas temperaturas invernales), y esto es
precisamente lo que proporciona a los jamones su particular
“dulzura” que los distingue.
EL
QUESO.[subir]
En
la Alpujarra se elaboran quesos con leche cabra y oveja. Las distintas
variedades que se producen guardan relación con el tiempo
que transcurre desde que se hacen hasta que se consumen; así
se les lama frescos oreados o curados también se consumen
conservados en aceite. De cualquier forma son exquisitos.
La manera de hacerlos sigue siendo tradicional y
totalmente artesana, hoy día han surgido empresas que se
dedican a la elaboración de queso, pero afortunadamente en
lo único que ha cambiado la fabricación es en que
ahora se pasteriza la leche.
Los calostros y el requesón hervidos con
canela, cascara de limón y azúcar se consumen
mucho en la época de crías.
LOS
VINOS.[subir]
En
casi todos los pueblos de la Alpujarra se produce vino, que no se suele
comercializar debido a lo limitada que es su producción.
Pero los mayores viñedos de la comarca están en
la Contraviesa en la provincia de Granada y Laujar de Andarax en la de
Almería.
En las dos zonas se producen exquisitos tintos, blancos y
rosados o claretes como se les suele llamar aquí. A la zona
de la Contraviesa hace pocos años se le concedió
la denominación de vinos “costa”, para
todos aquéllos que se elaboren en los términos
municipales de Albondón, Albuñol,
Almegíjar, Cádiar, Cástaras,
Jorairátar, Lobras, Murtas, Polopos, Rubite, Sorvilan,
Torvizcón y Turón.
En Laujar de Andarax se elaboran igualmente tintos,
rosados y blancos, los últimos son los de mayor calidad,
recientemente se le concedió la denominación de
vino de la tierra. Puede presumir Laujar de Andarax de ser la primera
zona vitivinícola de Andalucía productora de
cava, ya que hace poco que consiguieron este propósito en
las bodegas Valle de Laujar, aun no lo están comercializando.
La
producción es familiar en la mayoría de los
casos, tanto en Laujar de Andarax como en la Contraviesa, aunque
actualmente han surgido algunas bodegas y cooperativas que se dedican
ha distribuir sus vinos por Andalucía. Por lo general su
graduación oscila entre los 12 y 15 grados y, salvo en
algunas excepciones se deben consumir en el año, o en dos a
lo sumo. En cualquier caso, resultan siempre buenos para
acompañar los platos de la zona Vendimiando.
Los caldos producidos en ambas zonas son muy parecidos. y
es que no en vano los dos se elaboran dentro de la misma comarca,
aunque pertenezcan a provincias diferentes y haya entre sus respectivas
zonas de producción bastantes kilómetros de
distancia. No obstante, tanto el terreno como la
climatología y, sobre todo, los usos y las costumbres
populares de las dos zonas son prácticamente los mismos, lo
que sin duda contribuye de manera definitiva a la similitud de sus
vinos.
[subir]
Autor Texto: Nicolás
Enrique Fernández López
Fotos: sus autores - Dibujo: Francico Martín Morales.
© Balcón de Válor, 2008
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